Terminó el Mundial. Pasó Brasil 2014. En un abrir y cerrar de ojos, la fiesta futbolera llegó a su fin y por muy poco de la mejor manera para los argentinos. El 12 de junio fue el día de la inauguración y posteriormente el partido entre el local y Croacia. Y el debut de la Selección Argentina llegó tres días después, ante Bosnia, sin jugar bien pero consiguiendo una victoria fundamental para comenzar con el pie derecho en la competencia más esperada por los amantes de este deporte tan popular mundialmente. Luego vino Irán, más difícil de lo esperado, y el seleccionado nacional obtuvo un nuevo triunfo, muy festejado, ya que se hizo esperar casi 91 minutos cuando Messi frotó la lámpara. Con la clasificación en el bolsillo, Argentina salió a jugar el tercer partido de la primera fase ante Nigeria, en busca de quedarse con el primer lugar en el Grupo F. Y una vez más, los dirigidos por Alejandro Sabella obtuvieron los tres puntos necesarios para poder quedarse con el primer puesto en su zona.
De esta manera, la expectativa de los hinchas argentinos fue creciendo. En un principio cautelosamente, pero con el paso de los partidos y la finalización de todos ellos con triunfos, de a poco la euforia y la ilusión comenzaba a sentirse en cada individuo del país. Y una clara demostración de lo que empezaba a transmitir Argentina en los argentinos, se vio plasmada en la compra masiva de indumentaria deportiva, obviamente lo que más demanda tuvo fueron las camisetas. Toda la comunidad argentina, ante los resultados positivos, vio la necesidad de vestirse de celeste y blanco. Ya sea con camisetas, banderas, gorritos, bufandas, etc., todo era válido, es más no importaba si era original, de segunda selección, una copia bien hecha o directamente una camiseta de las llamadas ‘truchas’. La cuestión era llevar encima de la piel algo con los colores de Argentina, vestir las calles de celeste y blanco cada vez que la Selección nos regalaba una victoria. Por más que en un principio muchos no tenían fe en este equipo, partido tras partido todos se fueron contagiando de esta fiebre mundialista, en sí, fiebre de color ‘Albiceleste’.
Alentar a cualquier precio
Como en todos los comercios deportivos a lo largo del país, la ciudad de Trelew se vio desbordada por los simpatizantes que llegaban en multitud a llevarse su camiseta. Ya con el equipo en octavos de final, ante Suiza, la venta se incrementó sin escalas. Y el hecho de haber ganado sufriendo, cerca del final del suplementario con el gol de Di María, hizo que los hinchas se unan cada vez más y, obviamente, las ventas de camisetas seguían creciendo. Llegó Bélgica, y apareció el “Pipita” Higuaín para darnos la alegría de volver a estar entre los cuatro mejores. El que faltaba. Ya que el mayor porcentaje de la demanda ‘camisetera’ pedía tener en su espalda a Messi, Di María o Higuaín.
En las mayorías de las ocasiones, a los compradores parecía no importarles el costo. Estaban dispuestos a pagar lo que sea para llevarse su casaca, porque todos sabían que se estaban agotando. Por la tradicional, celeste y blanca, en un comercio céntrico trelewense, al igual que en cualquier punto de venta del país, el precio rondaba entre los $750 y $790. En cambio la azul, de $790 a $805. Ya en semifinales ante Holanda, el stock estaba totalmente agotado, y por más que los comercios estuvieron provistos, ya no había más camisetas. Y un dato más, recién se volverán a conseguir dentro de aproximadamente un mes.
Haciendo un cálculo general, cada comercio (contando cuatro) vendió alrededor de 600 camisetas, a $800 cada una llega a un total de $480.000; en tanto que un vendedor ambulante, que ofrecía la casaca en la calle a $150, se calcula que de haber vendido 600 camisetas, recaudó alrededor de $90.000. Un movimiento enorme de dinero que superó los 2 millones de pesos.
Superado Holanda por penales, con la magnífica actuación de “Chiquito” Romero, llegó la ansiada final ante Alemania, y ya todos sabemos el desenlace cerca del cierre del encuentro en favor de los ‘teutones’.
Pero lo que muchos no sabíamos, es que un Mundial de fútbol vende. Y cómo vende.
Terminó el Mundial. Pasó Brasil 2014. En un abrir y cerrar de ojos, la fiesta futbolera llegó a su fin y por muy poco de la mejor manera para los argentinos. El 12 de junio fue el día de la inauguración y posteriormente el partido entre el local y Croacia. Y el debut de la Selección Argentina llegó tres días después, ante Bosnia, sin jugar bien pero consiguiendo una victoria fundamental para comenzar con el pie derecho en la competencia más esperada por los amantes de este deporte tan popular mundialmente. Luego vino Irán, más difícil de lo esperado, y el seleccionado nacional obtuvo un nuevo triunfo, muy festejado, ya que se hizo esperar casi 91 minutos cuando Messi frotó la lámpara. Con la clasificación en el bolsillo, Argentina salió a jugar el tercer partido de la primera fase ante Nigeria, en busca de quedarse con el primer lugar en el Grupo F. Y una vez más, los dirigidos por Alejandro Sabella obtuvieron los tres puntos necesarios para poder quedarse con el primer puesto en su zona.
De esta manera, la expectativa de los hinchas argentinos fue creciendo. En un principio cautelosamente, pero con el paso de los partidos y la finalización de todos ellos con triunfos, de a poco la euforia y la ilusión comenzaba a sentirse en cada individuo del país. Y una clara demostración de lo que empezaba a transmitir Argentina en los argentinos, se vio plasmada en la compra masiva de indumentaria deportiva, obviamente lo que más demanda tuvo fueron las camisetas. Toda la comunidad argentina, ante los resultados positivos, vio la necesidad de vestirse de celeste y blanco. Ya sea con camisetas, banderas, gorritos, bufandas, etc., todo era válido, es más no importaba si era original, de segunda selección, una copia bien hecha o directamente una camiseta de las llamadas ‘truchas’. La cuestión era llevar encima de la piel algo con los colores de Argentina, vestir las calles de celeste y blanco cada vez que la Selección nos regalaba una victoria. Por más que en un principio muchos no tenían fe en este equipo, partido tras partido todos se fueron contagiando de esta fiebre mundialista, en sí, fiebre de color ‘Albiceleste’.
Alentar a cualquier precio
Como en todos los comercios deportivos a lo largo del país, la ciudad de Trelew se vio desbordada por los simpatizantes que llegaban en multitud a llevarse su camiseta. Ya con el equipo en octavos de final, ante Suiza, la venta se incrementó sin escalas. Y el hecho de haber ganado sufriendo, cerca del final del suplementario con el gol de Di María, hizo que los hinchas se unan cada vez más y, obviamente, las ventas de camisetas seguían creciendo. Llegó Bélgica, y apareció el “Pipita” Higuaín para darnos la alegría de volver a estar entre los cuatro mejores. El que faltaba. Ya que el mayor porcentaje de la demanda ‘camisetera’ pedía tener en su espalda a Messi, Di María o Higuaín.
En las mayorías de las ocasiones, a los compradores parecía no importarles el costo. Estaban dispuestos a pagar lo que sea para llevarse su casaca, porque todos sabían que se estaban agotando. Por la tradicional, celeste y blanca, en un comercio céntrico trelewense, al igual que en cualquier punto de venta del país, el precio rondaba entre los $750 y $790. En cambio la azul, de $790 a $805. Ya en semifinales ante Holanda, el stock estaba totalmente agotado, y por más que los comercios estuvieron provistos, ya no había más camisetas. Y un dato más, recién se volverán a conseguir dentro de aproximadamente un mes.
Haciendo un cálculo general, cada comercio (contando cuatro) vendió alrededor de 600 camisetas, a $800 cada una llega a un total de $480.000; en tanto que un vendedor ambulante, que ofrecía la casaca en la calle a $150, se calcula que de haber vendido 600 camisetas, recaudó alrededor de $90.000. Un movimiento enorme de dinero que superó los 2 millones de pesos.
Superado Holanda por penales, con la magnífica actuación de “Chiquito” Romero, llegó la ansiada final ante Alemania, y ya todos sabemos el desenlace cerca del cierre del encuentro en favor de los ‘teutones’.
Pero lo que muchos no sabíamos, es que un Mundial de fútbol vende. Y cómo vende.