Breve, fugaz y contundente. La presentación de Héctor David Saldivia en Le Cannet duró poco más de seis minutos. Los que le demandaron al marfileño Michel Soro liquidar su faena como dueño absoluto de la escena y ahora flamante campeón internacional de la AMB. No pasó demasiado pero el local copó la pelea temprano tras un primer round sin matices.
El “Tigre” ensayó el achique en pocas ocasiones, buscando sorprender por línea interna y oponiendo cintura como estrategia previsible. Soro manejó la distancia y controló el trámite sin impresionar. Firme, en punta; veloz y a la espera de la oportunidad en medio de un match tibio y sin golpes claros.
Lenta demolición
La acción “levantó” en el segundo. Ahí el afrofrancés reforzó el camino hacia una lenta demolición. Dinamitó la izquierda un par de veces y Saldivia acusó temprano el impacto. Soro primereó en velocidad y rompió una defensa que no daba garantías: el danés Jan Christiensen le contó por primera vez luego de que el argentino visitara la lona de La Palestre, shockeado y sorprendido. Pareció que se daba el final luego de que el marfileño volviera a embestir en el centro del ring con Saldivia haciendo un esfuerzo para mantener la postura. La segunda caída fue por desgaste, por acumulación y no tanto por efecto. Sin recuperarse del todo, escuchar la campana fue el objetivo del campeón argentino hasta ahí.
En el descanso hubo poco por revertir. A la pelea solamente le quedaba la hazaña de una mano que nunca partió. Saldivia intentó zafar en el tercero, decidió arriesgar aunque con un alto precio. No solamente no pudo producir en ataque sino que padeció otro cruce devastador. Michel Soro lo percibió y fue por el premio mayor: sobrevino una izquierda en cross y ya el sureño no logró incorporarse. Triste telón y poco piadoso.
El “Tigre” perdió quizás su última chance internacional. A los 32 años no pudo sacarse de encima el karma de mostrar afuera lo mucho que pudo construir en el país. Otra muestra cruel de que el boxeo argentino transita por un subsuelo peligroso, con representantes que terminan chocándose de cara con la realidad. La falta de medios, los desmanejos y los récords “tercermundistas” le suman a una valija humilde, casi sin ropa hecha para improvisar en ligas mayores. Desnudos en fiestas ajenas, invitados que no salen en la foto.
Otra vez el comodorense falló y deberá replantearse lo que viene. La desmotivación económica y deportiva parece ser un lastre demasiado pesado a esta altura. Como en Las Vegas ante Ouali en su mejor momento; como la noche triste de Sheffield en la eliminatoria con Kell Brook y ahora en la tarde argentina con la decepción del “no poder”. Por las razones que sólo él y su entorno conocen. Y pensando en la mejor decisión al lado de los afectos. Seguir o no seguir será la cuestión.

Breve, fugaz y contundente. La presentación de Héctor David Saldivia en Le Cannet duró poco más de seis minutos. Los que le demandaron al marfileño Michel Soro liquidar su faena como dueño absoluto de la escena y ahora flamante campeón internacional de la AMB. No pasó demasiado pero el local copó la pelea temprano tras un primer round sin matices.
El “Tigre” ensayó el achique en pocas ocasiones, buscando sorprender por línea interna y oponiendo cintura como estrategia previsible. Soro manejó la distancia y controló el trámite sin impresionar. Firme, en punta; veloz y a la espera de la oportunidad en medio de un match tibio y sin golpes claros.
Lenta demolición
La acción “levantó” en el segundo. Ahí el afrofrancés reforzó el camino hacia una lenta demolición. Dinamitó la izquierda un par de veces y Saldivia acusó temprano el impacto. Soro primereó en velocidad y rompió una defensa que no daba garantías: el danés Jan Christiensen le contó por primera vez luego de que el argentino visitara la lona de La Palestre, shockeado y sorprendido. Pareció que se daba el final luego de que el marfileño volviera a embestir en el centro del ring con Saldivia haciendo un esfuerzo para mantener la postura. La segunda caída fue por desgaste, por acumulación y no tanto por efecto. Sin recuperarse del todo, escuchar la campana fue el objetivo del campeón argentino hasta ahí.
En el descanso hubo poco por revertir. A la pelea solamente le quedaba la hazaña de una mano que nunca partió. Saldivia intentó zafar en el tercero, decidió arriesgar aunque con un alto precio. No solamente no pudo producir en ataque sino que padeció otro cruce devastador. Michel Soro lo percibió y fue por el premio mayor: sobrevino una izquierda en cross y ya el sureño no logró incorporarse. Triste telón y poco piadoso.
El “Tigre” perdió quizás su última chance internacional. A los 32 años no pudo sacarse de encima el karma de mostrar afuera lo mucho que pudo construir en el país. Otra muestra cruel de que el boxeo argentino transita por un subsuelo peligroso, con representantes que terminan chocándose de cara con la realidad. La falta de medios, los desmanejos y los récords “tercermundistas” le suman a una valija humilde, casi sin ropa hecha para improvisar en ligas mayores. Desnudos en fiestas ajenas, invitados que no salen en la foto.
Otra vez el comodorense falló y deberá replantearse lo que viene. La desmotivación económica y deportiva parece ser un lastre demasiado pesado a esta altura. Como en Las Vegas ante Ouali en su mejor momento; como la noche triste de Sheffield en la eliminatoria con Kell Brook y ahora en la tarde argentina con la decepción del “no poder”. Por las razones que sólo él y su entorno conocen. Y pensando en la mejor decisión al lado de los afectos. Seguir o no seguir será la cuestión.