
El empate no parece ser el resultado más apropiado para nadie en un torneo corto y de definición tan rápida. Y en esta distribución de puntos entre Jorge Newbery y CAI evidentemente quien terminó haciendo un mejor negocio es el equipo de la dupla. Sumando de a tres en el debut, facturó uno que venía complicado; sobre la hora y cuando las cosas en lo futbolísticamente no se habían cumplido del todo.
Quizás la mayor cuota de decepción estuvo del lado del “Lobo” porque sin merecerlo se había puesto en ventaja por un descuido en la marca del Azurro, una siesta en pelota parada y casi por la misma vía, una pérdida en plena salida, terminó sufriendo un cachetazo a un minuto del final. Y en ambos casos, el denominador común fue Facundo Vega, goleador en las dos aéreas para bien y para mal.
El duelo posicional arrancó temprano en el Estadio. La CAI prevaleció en esa primera batalla estratégica con Claudio Acosta involucrado en casi todas. Jofré y Rilo fueron salida y arriba, la dupla Vargas-Lahora se encargó de poner a prueba la reacción de los defensores. Enfrente Pablo Barrientos tardó en conectar en un mediocampo superpoblado de piernas corredoras y se puso a prueba a una nueva pareja de centrales (Vega-Urdiles). Los puntas casi no movieron la aguja en una suerte de -oportuno- aislamiento obligatorio. Es que en tiempos de COVID hubo ausencias forzosas con Javier Guerreiro, director técnico del “Lobo” y el árbitro designado, Carlos Rujano “guardados” y con diagnóstico positivo. En los arcos no hubo riesgo de contagio porque todo pareció ocurrir muy lejos. Casi una caminata después de la medianoche.
La acción no dio para mucho más allá de las intenciones. Todo lo que se insinuaba quedó en el aire y se diluyó mitad en la intrascendencia y mitad en el aburrimiento. El trámite no mejoro en el complemento y ninguno pudo encontrar la llave, proponer algo diferente, innovar, patear el tablero. La temperatura pasó factura, llegaron los cambios cuando parecía que el juego había caído definitivamente en un pozo. Ahí en medio de un partido planchado, intrascendente llegó lo inesperado: a los 27’ “Pitu” Barrientos aparecio en toda su dimensión, ejecutó de zurda un tiro libre teledirigido a la cabeza rubia de Facundo Vega. El “Vikingo” burló a su marca; se elevó más que el resto y gritó su primer gol en el club, con dedicatoria incluída.
La CAI recién arrimó con esfuerzo a través de un tiro largo de Mauro Benites que Flores sacó al corner y con un buscapié al área de Jofré que Vargas no pudo conectar por centímetros en la boca misma del arco. A un minuto del final, Monserrat robó en ataque una salida arriesgada de Urdiles y quedó liberado para definir; intentó asistir a Vargas hacia el medio pero sin contar con la barrida desesperado de Vega quien terminó batiendo su propia valla.
Buen negocio para uno que es regular y saca cuentas, ahorrativo como para llegar a la siguiente fase y otro que no rompe el maleficio del empate sabiendo que el márgen se achica en cada partido.

El empate no parece ser el resultado más apropiado para nadie en un torneo corto y de definición tan rápida. Y en esta distribución de puntos entre Jorge Newbery y CAI evidentemente quien terminó haciendo un mejor negocio es el equipo de la dupla. Sumando de a tres en el debut, facturó uno que venía complicado; sobre la hora y cuando las cosas en lo futbolísticamente no se habían cumplido del todo.
Quizás la mayor cuota de decepción estuvo del lado del “Lobo” porque sin merecerlo se había puesto en ventaja por un descuido en la marca del Azurro, una siesta en pelota parada y casi por la misma vía, una pérdida en plena salida, terminó sufriendo un cachetazo a un minuto del final. Y en ambos casos, el denominador común fue Facundo Vega, goleador en las dos aéreas para bien y para mal.
El duelo posicional arrancó temprano en el Estadio. La CAI prevaleció en esa primera batalla estratégica con Claudio Acosta involucrado en casi todas. Jofré y Rilo fueron salida y arriba, la dupla Vargas-Lahora se encargó de poner a prueba la reacción de los defensores. Enfrente Pablo Barrientos tardó en conectar en un mediocampo superpoblado de piernas corredoras y se puso a prueba a una nueva pareja de centrales (Vega-Urdiles). Los puntas casi no movieron la aguja en una suerte de -oportuno- aislamiento obligatorio. Es que en tiempos de COVID hubo ausencias forzosas con Javier Guerreiro, director técnico del “Lobo” y el árbitro designado, Carlos Rujano “guardados” y con diagnóstico positivo. En los arcos no hubo riesgo de contagio porque todo pareció ocurrir muy lejos. Casi una caminata después de la medianoche.
La acción no dio para mucho más allá de las intenciones. Todo lo que se insinuaba quedó en el aire y se diluyó mitad en la intrascendencia y mitad en el aburrimiento. El trámite no mejoro en el complemento y ninguno pudo encontrar la llave, proponer algo diferente, innovar, patear el tablero. La temperatura pasó factura, llegaron los cambios cuando parecía que el juego había caído definitivamente en un pozo. Ahí en medio de un partido planchado, intrascendente llegó lo inesperado: a los 27’ “Pitu” Barrientos aparecio en toda su dimensión, ejecutó de zurda un tiro libre teledirigido a la cabeza rubia de Facundo Vega. El “Vikingo” burló a su marca; se elevó más que el resto y gritó su primer gol en el club, con dedicatoria incluída.
La CAI recién arrimó con esfuerzo a través de un tiro largo de Mauro Benites que Flores sacó al corner y con un buscapié al área de Jofré que Vargas no pudo conectar por centímetros en la boca misma del arco. A un minuto del final, Monserrat robó en ataque una salida arriesgada de Urdiles y quedó liberado para definir; intentó asistir a Vargas hacia el medio pero sin contar con la barrida desesperado de Vega quien terminó batiendo su propia valla.
Buen negocio para uno que es regular y saca cuentas, ahorrativo como para llegar a la siguiente fase y otro que no rompe el maleficio del empate sabiendo que el márgen se achica en cada partido.