Por Ismael Tebes
REDACCIÓN JORNADA
itebes@grupojornada.com.ar
En Twiter: @IsmaTebes
Se veía venir un teatro de anormalidades. Un rival sensible, que jugó con las advertencias de la semana y que no salió a jugar no por su propia decisión mientras que Newbery perdió de vista que en la cancha, parecía tener inclusive más chances que Rincón. El partido daba. Y el escenario prometía ser el mejor para consumar la hazaña.
Lamentablemente la inconducta pudo más. Los secretos del túnel quedarán ahí, sin dueños de la verdad y con dedos acusadores; un robo de elementos no comprobado y supuestas armas que nadie vió. Es decir, todo lo que no debía pasar; ocurrió y antes de tiempo.
Rincón nunca llegó a pisar el césped de “La Madriguera” y optó por lo lógico, entendiendo una situación no apta para disputar una definición. Esos diez minutos de extrema tensión, se sabía, dejaron en evidencia la falta de previsión y algunas brechas del operativo policial que no blindó debidamente el ingreso de la delegación visitante, recibiendo insultos en medio de hinchas locales.
Se terminó “bajando” un mensaje revanchista que no se procesó debidamente en ciertos hinchas. Y cuando se intentó minimizar el efecto, ya todo parecía encendido por esas cuestiones folclóricas que suele tener el fútbol. Las bombas de estruendo en una ciudad que tiene vigente una Ley de Pirotecnia cero es parte –equivocada- de eso aunque exista hasta en las Copas Libertadores. Pero la violencia, en ninguna de sus formas, debe admitirse; aceptarse o justificarse.
No podía esperarse un informe positivo del árbitro Juan Nebbietti cuándo éste y sus colaboradores se retiraron del club en medio de una lluvia de piedras y escoltado por un grupo de policías antitumultos. El mismo juez observó el tumulto en la llegada de la delegación neuquina y hasta dio un plazo mayor de tiempo para el inicio del partido, entendiendo la necesidad de “descomprimir” una situación grave.
Lo cierto es que Deportivo Rincón jugará la final por el ascenso al Federal A el próximo domingo y a partido único contra Colón de San Justo en un partido que se disputará en la cancha de Estudiantes de Río Cuarto. Y que dispondrá de una chance adicional de ascender a partir de que el Consejo habilitara una quinta plaza para llegar al Federal A, otra chance que el “Lobo” verá desde afuera.
El golpe es duro pero realista, un pesado antecedente para los clubes de Comodoro Rivadavia y quienes apuestan e invierten en el fútbol. Existe la necesidad de un “mea culpa” profundo que no obstante, no quitará el dolor de perder una final absurda, sin siquiera poder jugar. Quizás la peor manera de quedarse afuera.
De lo que menos se habló es de fútbol. Y ahí Jorge Newbery parecía tener todo dado para consumar la hazaña. Sin la necesidad de apelar a factores externos; a “aprietes” de ningún tipo, ni a improvisados patovicas. La pelota debió ser la única jueza. Los jugadores representan una especie de efecto colateral. Sabiendo que el ascenso asomaba tímidamente en el horizonte y que el equipo pareció tener mucho más para dar. Lo lógico era jugarlo y arbitrar todos los medios para que el rival asumiera el mismo compromiso, redoblar el esfuerzo dirigencial en cuanto a “manejar” el clima sin demonizar a un rival circunstancial.
Puertas adentro, algo tiene que cambiar. No debe ser ésta la vara que mida el termómetro social; ni una excusa para desquites absurdos. Es tiempo de barajar y dar de nuevo, cambiando lo que haya que cambiar sin quedarse únicamente en las excusas.

Por Ismael Tebes
REDACCIÓN JORNADA
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Se veía venir un teatro de anormalidades. Un rival sensible, que jugó con las advertencias de la semana y que no salió a jugar no por su propia decisión mientras que Newbery perdió de vista que en la cancha, parecía tener inclusive más chances que Rincón. El partido daba. Y el escenario prometía ser el mejor para consumar la hazaña.
Lamentablemente la inconducta pudo más. Los secretos del túnel quedarán ahí, sin dueños de la verdad y con dedos acusadores; un robo de elementos no comprobado y supuestas armas que nadie vió. Es decir, todo lo que no debía pasar; ocurrió y antes de tiempo.
Rincón nunca llegó a pisar el césped de “La Madriguera” y optó por lo lógico, entendiendo una situación no apta para disputar una definición. Esos diez minutos de extrema tensión, se sabía, dejaron en evidencia la falta de previsión y algunas brechas del operativo policial que no blindó debidamente el ingreso de la delegación visitante, recibiendo insultos en medio de hinchas locales.
Se terminó “bajando” un mensaje revanchista que no se procesó debidamente en ciertos hinchas. Y cuando se intentó minimizar el efecto, ya todo parecía encendido por esas cuestiones folclóricas que suele tener el fútbol. Las bombas de estruendo en una ciudad que tiene vigente una Ley de Pirotecnia cero es parte –equivocada- de eso aunque exista hasta en las Copas Libertadores. Pero la violencia, en ninguna de sus formas, debe admitirse; aceptarse o justificarse.
No podía esperarse un informe positivo del árbitro Juan Nebbietti cuándo éste y sus colaboradores se retiraron del club en medio de una lluvia de piedras y escoltado por un grupo de policías antitumultos. El mismo juez observó el tumulto en la llegada de la delegación neuquina y hasta dio un plazo mayor de tiempo para el inicio del partido, entendiendo la necesidad de “descomprimir” una situación grave.
Lo cierto es que Deportivo Rincón jugará la final por el ascenso al Federal A el próximo domingo y a partido único contra Colón de San Justo en un partido que se disputará en la cancha de Estudiantes de Río Cuarto. Y que dispondrá de una chance adicional de ascender a partir de que el Consejo habilitara una quinta plaza para llegar al Federal A, otra chance que el “Lobo” verá desde afuera.
El golpe es duro pero realista, un pesado antecedente para los clubes de Comodoro Rivadavia y quienes apuestan e invierten en el fútbol. Existe la necesidad de un “mea culpa” profundo que no obstante, no quitará el dolor de perder una final absurda, sin siquiera poder jugar. Quizás la peor manera de quedarse afuera.
De lo que menos se habló es de fútbol. Y ahí Jorge Newbery parecía tener todo dado para consumar la hazaña. Sin la necesidad de apelar a factores externos; a “aprietes” de ningún tipo, ni a improvisados patovicas. La pelota debió ser la única jueza. Los jugadores representan una especie de efecto colateral. Sabiendo que el ascenso asomaba tímidamente en el horizonte y que el equipo pareció tener mucho más para dar. Lo lógico era jugarlo y arbitrar todos los medios para que el rival asumiera el mismo compromiso, redoblar el esfuerzo dirigencial en cuanto a “manejar” el clima sin demonizar a un rival circunstancial.
Puertas adentro, algo tiene que cambiar. No debe ser ésta la vara que mida el termómetro social; ni una excusa para desquites absurdos. Es tiempo de barajar y dar de nuevo, cambiando lo que haya que cambiar sin quedarse únicamente en las excusas.