La doctora Rocío González, integrante del equipo de investigación, explicó en diálogo con Jornada Radio que el suicidio pasó de ser la segunda o tercera causa de muerte en esta franja etaria a la primera. Pero además advirtió sobre un incremento creciente en jóvenes de 20 a 29 años, tanto en varones como en mujeres.
El informe se elaboró con datos del Ministerio de Salud que abarcan de 2017 a 2023 y no están desagregados por provincias, sino que reflejan un panorama nacional. González aclaró que la tendencia no es exclusiva del país: “La OMS ya publicó que uno de cada siete jóvenes de 10 a 19 años presenta algún tipo de trastorno mental. Lo que vemos en Argentina concuerda con la alerta mundial”.
En cuanto a los factores de riesgo y en especial de los aspectos preventivos, admitió que se trata de situaciones que pueden evitarse. “Podemos hacer cosas para prevenir. El desarrollo y entrenamiento de habilidades emocionales desde la infancia, y especialmente en la adolescencia, puede ser un factor protector no solo frente al suicidio, sino también contra trastornos alimentarios, adicciones o el juego patológico”.
Al describir esas habilidades en la vida cotidiana, González puntualizó: “Es poder conversar, dejar de lado la pantalla, compartir un mate, un momento. Aprender a gestionar nuestras propias emociones, percibirlas y entender qué nos pasa y qué le pasa al otro”.
Rol de la familia y la escuela
El informe recomienda trabajar tanto en el ámbito escolar como en el familiar: “Son los adultos quienes enseñan a los niños y adolescentes a gestionar sus emociones. Validar lo que sienten, no minimizarlo con frases como ‘no llores’ o ‘es una pavada’, es fundamental para construir redes de apoyo que prevengan conductas de riesgo”.
La especialista también vinculó la situación con el aislamiento de la pandemia y el uso intensivo de redes sociales: “La pandemia nos dejó mucho tiempo aislados y sin vínculos presenciales. A la vez, las redes sociales exponen a los adolescentes a mayor comparación social y al ciberbullying”.
En ese sentido, citó un estudio reciente en Noruega: “Después de prohibir el celular en las aulas, se redujo a la mitad el nivel de bullying. Y lo más notable es que en las niñas las consultas psicológicas bajaron un 60%, mientras que mejoró el rendimiento académico”.
Finalmente, González advirtió sobre el contexto cultural actual: “Vivimos en una cultura de la inmediatez. Entrenar habilidades emocionales también implica aprender a tolerar la espera, la frustración, a demorar la gratificación. Eso no se está incentivando hoy y afecta mucho la salud mental de los adolescentes”.
La doctora Rocío González, integrante del equipo de investigación, explicó en diálogo con Jornada Radio que el suicidio pasó de ser la segunda o tercera causa de muerte en esta franja etaria a la primera. Pero además advirtió sobre un incremento creciente en jóvenes de 20 a 29 años, tanto en varones como en mujeres.
El informe se elaboró con datos del Ministerio de Salud que abarcan de 2017 a 2023 y no están desagregados por provincias, sino que reflejan un panorama nacional. González aclaró que la tendencia no es exclusiva del país: “La OMS ya publicó que uno de cada siete jóvenes de 10 a 19 años presenta algún tipo de trastorno mental. Lo que vemos en Argentina concuerda con la alerta mundial”.
En cuanto a los factores de riesgo y en especial de los aspectos preventivos, admitió que se trata de situaciones que pueden evitarse. “Podemos hacer cosas para prevenir. El desarrollo y entrenamiento de habilidades emocionales desde la infancia, y especialmente en la adolescencia, puede ser un factor protector no solo frente al suicidio, sino también contra trastornos alimentarios, adicciones o el juego patológico”.
Al describir esas habilidades en la vida cotidiana, González puntualizó: “Es poder conversar, dejar de lado la pantalla, compartir un mate, un momento. Aprender a gestionar nuestras propias emociones, percibirlas y entender qué nos pasa y qué le pasa al otro”.
Rol de la familia y la escuela
El informe recomienda trabajar tanto en el ámbito escolar como en el familiar: “Son los adultos quienes enseñan a los niños y adolescentes a gestionar sus emociones. Validar lo que sienten, no minimizarlo con frases como ‘no llores’ o ‘es una pavada’, es fundamental para construir redes de apoyo que prevengan conductas de riesgo”.
La especialista también vinculó la situación con el aislamiento de la pandemia y el uso intensivo de redes sociales: “La pandemia nos dejó mucho tiempo aislados y sin vínculos presenciales. A la vez, las redes sociales exponen a los adolescentes a mayor comparación social y al ciberbullying”.
En ese sentido, citó un estudio reciente en Noruega: “Después de prohibir el celular en las aulas, se redujo a la mitad el nivel de bullying. Y lo más notable es que en las niñas las consultas psicológicas bajaron un 60%, mientras que mejoró el rendimiento académico”.
Finalmente, González advirtió sobre el contexto cultural actual: “Vivimos en una cultura de la inmediatez. Entrenar habilidades emocionales también implica aprender a tolerar la espera, la frustración, a demorar la gratificación. Eso no se está incentivando hoy y afecta mucho la salud mental de los adolescentes”.