Entre Ayacucho y Madrid

El fútbol y sus simbolismos. Hace 7 años, River se coronaba campeón de la Copa Libertadores de América en Madrid y ante Boca. Misma fecha conmemorativa de la batalla de Ayacucho, cuando las fuerzas patriotas vencían al ejercito español para liberarnos de ellos en el continente. De un hecho, los recuerdan todos; del otro casi nadie.


09 DIC 2025 - 13:31 | Actualizado 09 DIC 2025 - 19:10

Por Juan Miguel Bigrevich / Redacción Jornada

Hace 201 años terminaba todo. O empezaba. Aunque no parezca. Hace 201 años, aparecía, en su tosca desnudez original, la Patria Grande Latinoamericana. Aunque su aparición todavía cueste. Y mucho. Hace exactamente, 201 años se derrotaba al imperio español, que tardó algunos años en reconocerlo. Un 9 de diciembre de 1824, las tropas comandadas por el venezolano Antonio Sucre y secundados por el peruano Agustín Gamarra y el inglés Guillermo Miller, despedazaba al ejército realista en la batalla de Ayacucho, en Perú. La última gran pelea continental. 307 bajas y 600 heridos propios y 1.800 muertos más 700 lisiados ajenos fue el saldo de la victoria que puso de patitas a la calle el intento del rey Fernando VII de volver a instalar un absolutismo caduco e inútil y que derivó en una interna feroz hasta en las propias tropas godas y en algunos pactos -al menos dudosos- de algunos como de nuestro apreciado Bernardino Rivadavia y de parte del ejército libertador en El Callao.

Los Húsares de Junín peruanos y los Granaderos a Caballo conducidos -estos últimos- por Necochea fueron medulares para la victoria, haciendo caso a la arenga de Sucre horas antes: "Soldados...de los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur". Cumplieron. Su pacto de honor. Para los que venían y vienen llegando.

Ellos eran más. Nosotros, menos. Ellos no conocían el territorio del todo. Nosotros, sí. Ellos venían por el yugo. Nosotros, por la libertad. Ellos, por el oro y la plata.
Nosotros, por la gloria. Ellos, perdieron. Nosotros, ganamos; y aunque aún cueste disfrutar del triunfo, se pudo (y se puede) dejarlo relatado en alguna épica que vale la pena recordar.

Decenas de años después, fuimos a jugar la final de la llamada Copa Libertadores de América a Madrid. ¡A Madrid! La capital del imperio español al que echamos para ser libres. El fútbol y sus simbolismos. Por el oro y la plata. Hoy, de Madrid todo el mundo se acuerda. De Ayacucho, nadie. Somos patéticos y seguimos analizando si conviene ser patria o colonia, aunque de otro imperio.

Aquel que no conoce su historia -la de hombres y mujeres que dejaron la piel, el juramento y su corazón en la tierra que amaban- está condenado a repetirla. A veces como gran tragedia, otras como miserable farsa.

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09 DIC 2025 - 13:31

Por Juan Miguel Bigrevich / Redacción Jornada

Hace 201 años terminaba todo. O empezaba. Aunque no parezca. Hace 201 años, aparecía, en su tosca desnudez original, la Patria Grande Latinoamericana. Aunque su aparición todavía cueste. Y mucho. Hace exactamente, 201 años se derrotaba al imperio español, que tardó algunos años en reconocerlo. Un 9 de diciembre de 1824, las tropas comandadas por el venezolano Antonio Sucre y secundados por el peruano Agustín Gamarra y el inglés Guillermo Miller, despedazaba al ejército realista en la batalla de Ayacucho, en Perú. La última gran pelea continental. 307 bajas y 600 heridos propios y 1.800 muertos más 700 lisiados ajenos fue el saldo de la victoria que puso de patitas a la calle el intento del rey Fernando VII de volver a instalar un absolutismo caduco e inútil y que derivó en una interna feroz hasta en las propias tropas godas y en algunos pactos -al menos dudosos- de algunos como de nuestro apreciado Bernardino Rivadavia y de parte del ejército libertador en El Callao.

Los Húsares de Junín peruanos y los Granaderos a Caballo conducidos -estos últimos- por Necochea fueron medulares para la victoria, haciendo caso a la arenga de Sucre horas antes: "Soldados...de los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur". Cumplieron. Su pacto de honor. Para los que venían y vienen llegando.

Ellos eran más. Nosotros, menos. Ellos no conocían el territorio del todo. Nosotros, sí. Ellos venían por el yugo. Nosotros, por la libertad. Ellos, por el oro y la plata.
Nosotros, por la gloria. Ellos, perdieron. Nosotros, ganamos; y aunque aún cueste disfrutar del triunfo, se pudo (y se puede) dejarlo relatado en alguna épica que vale la pena recordar.

Decenas de años después, fuimos a jugar la final de la llamada Copa Libertadores de América a Madrid. ¡A Madrid! La capital del imperio español al que echamos para ser libres. El fútbol y sus simbolismos. Por el oro y la plata. Hoy, de Madrid todo el mundo se acuerda. De Ayacucho, nadie. Somos patéticos y seguimos analizando si conviene ser patria o colonia, aunque de otro imperio.

Aquel que no conoce su historia -la de hombres y mujeres que dejaron la piel, el juramento y su corazón en la tierra que amaban- está condenado a repetirla. A veces como gran tragedia, otras como miserable farsa.