La comparsa de esquila La Nueva, de Jorge Villega, atravesó el arroyo Guenguel, que lleva abundante agua por las nevadas y lluvias de estos días.
Miguel Alan compartió un video y escribió unas palabras para saludar a los trabajadores de la zafra y recordar a quienes pasaron buena parte de su vida recorriendo estancias.
“Toda la odisea que vive un esquilador” fue el título que eligió para un relato sobre los viajes, la convivencia y las condiciones que les toca afrontar durante la temporada. Aunque reconoce que los traslados mejoraron con los años, recuerda las noches bajo un galpón, al reparo del colectivo o detrás de una mata de calafate, buscando descanso para continuar al día siguiente.
Alan también describe las amistades que nacen al compartir cada jornada y ese momento, después del último cuarto de esquila, en que cada uno vuelve a su catre o al campamento. Cuando llega la señal del teléfono o consiguen acceso a internet en la estancia, pueden hablar con sus familias y acercarse por un rato a quienes quedaron en casa.
El paso por el Guenguel acompaña esas palabras sobre los caminos con barro, las quebradas y las crecidas que encuentran durante sus recorridos. “La tarea continúa y la zafra de esquila no puede parar”, escribió Alan, al recordar a los esquiladores que siguen viaje con frío, lluvia o nieve, “sabiendo que los espera otro lote para esquilar”.
Video compartido por Miguel Alan.
(Río Mayo 1935)
La comparsa de esquila La Nueva, de Jorge Villega, atravesó el arroyo Guenguel, que lleva abundante agua por las nevadas y lluvias de estos días.
Miguel Alan compartió un video y escribió unas palabras para saludar a los trabajadores de la zafra y recordar a quienes pasaron buena parte de su vida recorriendo estancias.
“Toda la odisea que vive un esquilador” fue el título que eligió para un relato sobre los viajes, la convivencia y las condiciones que les toca afrontar durante la temporada. Aunque reconoce que los traslados mejoraron con los años, recuerda las noches bajo un galpón, al reparo del colectivo o detrás de una mata de calafate, buscando descanso para continuar al día siguiente.
Alan también describe las amistades que nacen al compartir cada jornada y ese momento, después del último cuarto de esquila, en que cada uno vuelve a su catre o al campamento. Cuando llega la señal del teléfono o consiguen acceso a internet en la estancia, pueden hablar con sus familias y acercarse por un rato a quienes quedaron en casa.
El paso por el Guenguel acompaña esas palabras sobre los caminos con barro, las quebradas y las crecidas que encuentran durante sus recorridos. “La tarea continúa y la zafra de esquila no puede parar”, escribió Alan, al recordar a los esquiladores que siguen viaje con frío, lluvia o nieve, “sabiendo que los espera otro lote para esquilar”.
Video compartido por Miguel Alan.
(Río Mayo 1935)