Tras un largo día de escuela, Iñaki (10) y Lucía (6) siguen aprendiendo. Pero ahora mientras se sientan sobre la colchoneta que cubre el piso del Dojo, el lugar de entrenamiento utilizado por las artes marciales. Iñaki y Lucía, al igual que otros 20 niños, asisten a clases de Aikido, un arte japonés de defensa personal que no busca la confrontación ni tiene competencia. “Se utiliza la energía del ataque del oponente para neutralizarlo”, explica Jorge Olveira, el instructor a cargo.
Olveira es instructor de Aikido, tiene 43 años y practica artes marciales desde hace 23. Afirma que la práctica de artes marciales en los niños es una herramienta para evitar que sufran maltratos en la escuela. “La práctica del Aikido les genera una mayor confianza en sí mismos a los niños”, afirma.
Más de 10 por mes
En su Dojo recibe cada mes a por lo menos 10 padres con sus hijos. Explica que el objetivo es que “los niños adquieran seguridad”. “Muchos padres se sienten atraídos por el Aikido como un arte marcial para sus hijos”, cuenta. “Les enseñamos a responder positivamente a las personas y situaciones conflictivas, en lugar de responder a la agresión. La violencia no se resuelve con más violencia”, asegura.
Uno de los beneficios de la práctica es que genera más tranquilidad en los niños. “Es muy bueno en términos de ayudar a niños con su concentración y enfoque. Les enseña a mantenerse centrados y calmos ante situaciones de stress”.
La práctica de artes marciales les permite a los niños desenvolverse mejor ante un problema de abuso que se da en el colegio. “Nosotros les damos las herramientas para que los chicos puedan afrontar la vida, resolver una situación conflictiva. Conversar con su agresor. Si sigue el problema, piden ayuda y al final se defienden. La práctica del Aikido, que es un arte marcial de defensa que utiliza la fuerza del oponente, es ideal”, comentó el instructor.
Defenderse sin agredir
Sonia es madre de Joaquín, de siete años. “Mi hijo era muy tímido, pero le hicieron muy bien estos meses de práctica”, comenta mientras observa cómo su hijo juega en compañía de otros padres. Las clases de Aikido se dictan todos los días, duran 60 minutos y se llevan a cabo sobre un tatami, donde los alumnos primero realizan un calentamiento a base de carreras, saltos, flexiones y juegos, para después pasar a la práctica de la autodefensa. Los niños practican cómo usar una llave para soltarse si los agreden. También a defenderse desde el suelo.
En una de las simulaciones que sirven de ejercicios, una nena es agarrada por otro niño, más grande. En un rápido movimiento, el niño termina en el piso. “Son siempre técnicas defensivas”, aclara el profesor, “nunca para agredir”.
“Mi hijo, sin necesidad de que los papás estén cerca, puede defenderse de niños más grandes que a veces son abusivos en las escuelas”, comenta la madre. Cuando se le pregunta a su pequeño cómo reacciona ahora si otros niños lo quieren atacar, sonríe y dice: “hago Aikido”.
Tras un largo día de escuela, Iñaki (10) y Lucía (6) siguen aprendiendo. Pero ahora mientras se sientan sobre la colchoneta que cubre el piso del Dojo, el lugar de entrenamiento utilizado por las artes marciales. Iñaki y Lucía, al igual que otros 20 niños, asisten a clases de Aikido, un arte japonés de defensa personal que no busca la confrontación ni tiene competencia. “Se utiliza la energía del ataque del oponente para neutralizarlo”, explica Jorge Olveira, el instructor a cargo.
Olveira es instructor de Aikido, tiene 43 años y practica artes marciales desde hace 23. Afirma que la práctica de artes marciales en los niños es una herramienta para evitar que sufran maltratos en la escuela. “La práctica del Aikido les genera una mayor confianza en sí mismos a los niños”, afirma.
Más de 10 por mes
En su Dojo recibe cada mes a por lo menos 10 padres con sus hijos. Explica que el objetivo es que “los niños adquieran seguridad”. “Muchos padres se sienten atraídos por el Aikido como un arte marcial para sus hijos”, cuenta. “Les enseñamos a responder positivamente a las personas y situaciones conflictivas, en lugar de responder a la agresión. La violencia no se resuelve con más violencia”, asegura.
Uno de los beneficios de la práctica es que genera más tranquilidad en los niños. “Es muy bueno en términos de ayudar a niños con su concentración y enfoque. Les enseña a mantenerse centrados y calmos ante situaciones de stress”.
La práctica de artes marciales les permite a los niños desenvolverse mejor ante un problema de abuso que se da en el colegio. “Nosotros les damos las herramientas para que los chicos puedan afrontar la vida, resolver una situación conflictiva. Conversar con su agresor. Si sigue el problema, piden ayuda y al final se defienden. La práctica del Aikido, que es un arte marcial de defensa que utiliza la fuerza del oponente, es ideal”, comentó el instructor.
Defenderse sin agredir
Sonia es madre de Joaquín, de siete años. “Mi hijo era muy tímido, pero le hicieron muy bien estos meses de práctica”, comenta mientras observa cómo su hijo juega en compañía de otros padres. Las clases de Aikido se dictan todos los días, duran 60 minutos y se llevan a cabo sobre un tatami, donde los alumnos primero realizan un calentamiento a base de carreras, saltos, flexiones y juegos, para después pasar a la práctica de la autodefensa. Los niños practican cómo usar una llave para soltarse si los agreden. También a defenderse desde el suelo.
En una de las simulaciones que sirven de ejercicios, una nena es agarrada por otro niño, más grande. En un rápido movimiento, el niño termina en el piso. “Son siempre técnicas defensivas”, aclara el profesor, “nunca para agredir”.
“Mi hijo, sin necesidad de que los papás estén cerca, puede defenderse de niños más grandes que a veces son abusivos en las escuelas”, comenta la madre. Cuando se le pregunta a su pequeño cómo reacciona ahora si otros niños lo quieren atacar, sonríe y dice: “hago Aikido”.