José Luis Carballido es un paleontólogo especialista en dinosaurios saudópodos. Tiene 36 años y trabajo en el hallazgo desde el primero día.
“No podría describir con exactitud la sensación que tuve cuando me di cuenta de lo que habíamos encontrado. Fue único”, le contó a Jornada. “Fue impactante”, agregó.
Dijo que “aquí hay una cantidad de huesos increíbles” y que lo que más impresiona es que “aún se puede observar que mantienen la estructura de los músculos. Esto habla del importante grado de conservación que posee”.
Detalló que “los días de trabajo fueron intensos” pero que “cuando nos dimos cuenta de lo que había todo se hizo mucho más fácil”. Carballido explicó con lujo de detalles a todos los periodistas presentes en el campo de la familia Mayo como había sido el hallazgo y también las características de lo encontrado.
“Todo nos indicaba que se trataba de una especie nueva, pero jamás pensamos que de semejantes dimensiones”. Carballido también informó del hallazgo de bosques petrificados lo que da una pauta de cómo era hace 100 millones de años el lugar.
Y también habló del por qué de la existencia de tantos ejemplares juntos. “Nuestra teoría que cobra mayor veracidad es que esta especie de dinosaurios elegían este lugar para morir. También puede ser que se movieran en grupo y se instalaran en un lugar y allí murieran.
Pero todo está por verse, por estudiarse. Creo que esto recién comienza”.
La dueña del campo
La historia de Alba Cristina Mayo es muy particular. Es una de las dueñas del campo (junto a sus hermanos Oscar Eduardo y Graciela Susana). Y durante 40 años trabajó en los Tribunales de Trelew. Después de jubilarse le dijo a su familia: Me voy a vivir a La Flecha” (el nombre de la estancia) voy a estar con papá”. Su padre, Segundo Mayo había muerto es 1981. Y el 21 de marzo de 2011 sus restos fueron trasladados a la estancia.
Asegura Alba que “dos días después que traje los restos, se largó una lluvia impresionante. Fue un milagro porque veníamos de una gran sequía producto de la ceniza”.
La mujer que atendió con gran simpatía y deferencia a los visitantes aseguró que “este es un lugar que tiene magia, aquí hay más dinosaurios que ovejas” y dijo que “por fin después de tanto tiempo encontré mi lugar en el mundo”. Vive junto a su madre Alba Raquel Mejido de 87 años en un casco que está ubicado a 2.500 metros del lugar del hallazgo.
Contó que cuando comunicó que se iba a vivir al campo sus hijas no se opusieron pero le dijeron “¿para qué tan lejos?. Ella no tuvo que dar muchas respuestas. La memoria de su padre, cuyas últimas palabras antes de morir fueron “vamos para La Flecha” fueron determinantes. “Hoy descansa acá y es el mejor homenaje que le podemos hacer”.
La mujer recordó también a Aurelio Hernández, el peón que encontró los restos. “Era un típico hombre de campo, un observador del lugar por naturaleza. Por eso reparó en estos restos. Estuvo con nosotros 7 años trabajando. Era solo y después de jubilarse se fue a Los Altares donde murió hace dos años”.
Tanto Alba como toda su familia colaboraron de manera contínua y totalmente desinteresada con quienes trabajaron para rescatar los restos. “Para nosotros es un orgullo”.
José Luis Carballido es un paleontólogo especialista en dinosaurios saudópodos. Tiene 36 años y trabajo en el hallazgo desde el primero día.
“No podría describir con exactitud la sensación que tuve cuando me di cuenta de lo que habíamos encontrado. Fue único”, le contó a Jornada. “Fue impactante”, agregó.
Dijo que “aquí hay una cantidad de huesos increíbles” y que lo que más impresiona es que “aún se puede observar que mantienen la estructura de los músculos. Esto habla del importante grado de conservación que posee”.
Detalló que “los días de trabajo fueron intensos” pero que “cuando nos dimos cuenta de lo que había todo se hizo mucho más fácil”. Carballido explicó con lujo de detalles a todos los periodistas presentes en el campo de la familia Mayo como había sido el hallazgo y también las características de lo encontrado.
“Todo nos indicaba que se trataba de una especie nueva, pero jamás pensamos que de semejantes dimensiones”. Carballido también informó del hallazgo de bosques petrificados lo que da una pauta de cómo era hace 100 millones de años el lugar.
Y también habló del por qué de la existencia de tantos ejemplares juntos. “Nuestra teoría que cobra mayor veracidad es que esta especie de dinosaurios elegían este lugar para morir. También puede ser que se movieran en grupo y se instalaran en un lugar y allí murieran.
Pero todo está por verse, por estudiarse. Creo que esto recién comienza”.
La dueña del campo
La historia de Alba Cristina Mayo es muy particular. Es una de las dueñas del campo (junto a sus hermanos Oscar Eduardo y Graciela Susana). Y durante 40 años trabajó en los Tribunales de Trelew. Después de jubilarse le dijo a su familia: Me voy a vivir a La Flecha” (el nombre de la estancia) voy a estar con papá”. Su padre, Segundo Mayo había muerto es 1981. Y el 21 de marzo de 2011 sus restos fueron trasladados a la estancia.
Asegura Alba que “dos días después que traje los restos, se largó una lluvia impresionante. Fue un milagro porque veníamos de una gran sequía producto de la ceniza”.
La mujer que atendió con gran simpatía y deferencia a los visitantes aseguró que “este es un lugar que tiene magia, aquí hay más dinosaurios que ovejas” y dijo que “por fin después de tanto tiempo encontré mi lugar en el mundo”. Vive junto a su madre Alba Raquel Mejido de 87 años en un casco que está ubicado a 2.500 metros del lugar del hallazgo.
Contó que cuando comunicó que se iba a vivir al campo sus hijas no se opusieron pero le dijeron “¿para qué tan lejos?. Ella no tuvo que dar muchas respuestas. La memoria de su padre, cuyas últimas palabras antes de morir fueron “vamos para La Flecha” fueron determinantes. “Hoy descansa acá y es el mejor homenaje que le podemos hacer”.
La mujer recordó también a Aurelio Hernández, el peón que encontró los restos. “Era un típico hombre de campo, un observador del lugar por naturaleza. Por eso reparó en estos restos. Estuvo con nosotros 7 años trabajando. Era solo y después de jubilarse se fue a Los Altares donde murió hace dos años”.
Tanto Alba como toda su familia colaboraron de manera contínua y totalmente desinteresada con quienes trabajaron para rescatar los restos. “Para nosotros es un orgullo”.