Valle de lágrimas: charla íntima con la comunidad boliviana

Familiares, vecinos y amigos de la mujer asesinada en Trelew hablan de sus duros ocho días de duelo por la muerte de Julia Rodríguez.

12 OCT 2014 - 21:38 | Actualizado

Por Lorena Leeming

El Valle llora a Julia. La joven boliviana que fue ultimada de un balazo cuando atendía su verdulería en el barrio Progreso era un ser especial para sus pares. “Atenta, simpática, trabajadora y solidaria. Su presencia alegraba la casa”. Así la describe su familia, sus amigos, sus vecinos. No tienen consuelo. Por tradición, la comunidad boliviana se une con los familiares de la víctima por 8 días y les prestan contención en el duelo. Pero nada alcanza, todo es llanto y dolor. Piden justicia, le temen a la impunidad. “Era la hermana perfecta”, sintetizan.

La casa de Julia Rodriguez se ubica a pocos kilómetros de la ciudad de Trelew, en la zona de Treorcky. Los caminos para llegar hasta la vivienda son estrechos, zigzagueantes, sinuosos. Desde el sitio donde atendía su comercio hasta allí hay unos 20 minutos de viaje. Es todo ripio. Ese trayecto, era recorrido cada día por la joven mujer que –tal como dicen quienes bien la conocían- había venido a la Argentina a trabajar, a buscar un futuro. Y lo había logrado. Había encontrado su felicidad.

Era integrante de una familia de 8 hermanos, todos muy unidos. Construyó su propio hogar junto a Simón (su marido) y sus tres hijos. La comunidad boliviana tiene por costumbre no separarse demasiado y prestarse colaboración en casos necesarios y extremos, como el que hoy en desgracia les toca vivir. Tal es así que en una misma vivienda, viven 3 familias.

Las veladas de duelo, son maratónicas pero no falta nadie. Desde la tranquera indicativa del camino que conduce a la casa de los Rodríguez hasta la puerta, decenas de vehículos yacen uno tras otro conformando una suerte de playa de estacionamiento. Están todos presentes, nadie tiene apuro para retirarse y comparten las comidas, elaboran allí sus alimentos. Improvisan el fuego y en grandes ollas van procesando los insumos.

Mientras tanto, un grupo se ve trabajando en la tierra, como siempre, cosechando verduras o desmalezando. Pero estos días con algo más de lentitud, en medio del silencio y la profunda tristeza por el imborrable recuerdo de Julia. Luchan contra la bronca interior, contra la impotencia. Contra las ganas de “dejar de trabajar y desabastecer el mercado”. Así dicen, cuando se refieren a cada hecho de inseguridad que los tiene como protagonistas. Se abrazan, se recuestan algunos sobre los mismos vehículos y lloran, no encuentran explicaciones.

“No lo podemos creer”

Cirilo Rodríguez es uno de los hermanos de Julia. Vive en General Roca pero durante los 8 días de duelo no se separó de la familia. Su voz se quiebra pero es el que tuvo la fortaleza para mantenerse en pie y relatar en la entrevista con Jornada, la realidad en que viven. “No podemos creer lo que pasó. Las tres criaturas quedaron sin madre. Cuando más la necesitan”, expresó.

Agradeció a todas las personas que están a su lado. Y del de su padre. “Es un dolor muy grande que estamos sufriendo todos. Pedimos que se haga justicia. Que el crimen no quede impune. Hasta ahora, no hay nada concreto de quien fue. Pero que no pase más esto”, suplicó .

Replica casi en forma de imploración que jamás un ser humano pase lo que en desgracia le tocó vivir a su hermana. “Pido que no suceda más. No solo a la colectividad boliviana. Es muy doloroso lo que estamos sufriendo. Las tres criaturas quedaron sin madre. Cuando más la necesitan no la tienen. Queremos justicia. Que los delincuentes paguen como corresponde”, manifestó con lágrimas en los ojos.

“Nos divertíamos con ella”

Reveló Cirilo que su hermana llegó al suelo patagónico en el año 2000. Indistinto a él que vino en 1991. “ Somos más argentinos que bolivianos. Era la hermana perfecta. Alegre, siempre nos gustaba compartir cosas con ella. Cuando había algún cumpleaños o nos juntábamos por algún motivo, nos divertíamos con ella, la pasábamos muy bien”, relató.

“No podemos creer lo que pasó” admitió. “Ella vino a trabajar, buscando una vida como todos nosotros, para estar mejor. No vinimos a hacer daño a nadie. Sólo vino a ganarse la vida. No a morir de esta manera. Podemos morir de cualquier enfermedad, pero que alguien que venga a matarnos en un extremo así, no”, expresó.

Esboza una sonrisa en medio de la tristeza. Y es por el recuerdo de ella. “Siempre fue trabajadora, se levantaba temprano. Se ocupaba de su marido y sus hijos. Era muy amable con sus padres. Nunca ofendía a nadie. Ese es nuestro recuerdo de ella. Mi hermana se fue y ahora, queremos que se haga justicia”, reiteró.

Unidos

Describe Cirilo que la colectividad boliviana tiene como costumbre y tradición “la unión”. Asegura que la familia se siente muy acompañada al tener una mano en el hombro todo el tiempo mientras atraviesa los peores momentos ante la irreparable pérdida. “El saber que estamos acompañados nos da fuerzas para seguir viviendo. Lo único que nos hace falta es eso, compañía”, sostuvo.

Aclaró que en su caso, no se siente discriminado. Asegura que tiene muy buenos amigos argentinos y que confía en justicia argentina. “Sabemos que en este momento que nosotros estamos viviendo tanto dolor, los asesinos estarán contentos. Pido que no pase nunca más”.

Al lado de Cirilo estaba Simón Cayo, el marido de Julia. Atinó a describir lo que estaban viviendo y quiso referirse a la figura de la mujer, al recuerdo de su esposa. Pero no pudo. El dolor fue más fuerte. “No puedo hablar. Dios mío, cuánto dolor” expresó, llevando sus manos hacia la gorra visera que acostumbra tener como parte de su atuendo.

Lino Rodriguez, el papá de la joven tampoco pudo emitir palabra. Todo es demasiado, la situación los superó.

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12 OCT 2014 - 21:38

Por Lorena Leeming

El Valle llora a Julia. La joven boliviana que fue ultimada de un balazo cuando atendía su verdulería en el barrio Progreso era un ser especial para sus pares. “Atenta, simpática, trabajadora y solidaria. Su presencia alegraba la casa”. Así la describe su familia, sus amigos, sus vecinos. No tienen consuelo. Por tradición, la comunidad boliviana se une con los familiares de la víctima por 8 días y les prestan contención en el duelo. Pero nada alcanza, todo es llanto y dolor. Piden justicia, le temen a la impunidad. “Era la hermana perfecta”, sintetizan.

La casa de Julia Rodriguez se ubica a pocos kilómetros de la ciudad de Trelew, en la zona de Treorcky. Los caminos para llegar hasta la vivienda son estrechos, zigzagueantes, sinuosos. Desde el sitio donde atendía su comercio hasta allí hay unos 20 minutos de viaje. Es todo ripio. Ese trayecto, era recorrido cada día por la joven mujer que –tal como dicen quienes bien la conocían- había venido a la Argentina a trabajar, a buscar un futuro. Y lo había logrado. Había encontrado su felicidad.

Era integrante de una familia de 8 hermanos, todos muy unidos. Construyó su propio hogar junto a Simón (su marido) y sus tres hijos. La comunidad boliviana tiene por costumbre no separarse demasiado y prestarse colaboración en casos necesarios y extremos, como el que hoy en desgracia les toca vivir. Tal es así que en una misma vivienda, viven 3 familias.

Las veladas de duelo, son maratónicas pero no falta nadie. Desde la tranquera indicativa del camino que conduce a la casa de los Rodríguez hasta la puerta, decenas de vehículos yacen uno tras otro conformando una suerte de playa de estacionamiento. Están todos presentes, nadie tiene apuro para retirarse y comparten las comidas, elaboran allí sus alimentos. Improvisan el fuego y en grandes ollas van procesando los insumos.

Mientras tanto, un grupo se ve trabajando en la tierra, como siempre, cosechando verduras o desmalezando. Pero estos días con algo más de lentitud, en medio del silencio y la profunda tristeza por el imborrable recuerdo de Julia. Luchan contra la bronca interior, contra la impotencia. Contra las ganas de “dejar de trabajar y desabastecer el mercado”. Así dicen, cuando se refieren a cada hecho de inseguridad que los tiene como protagonistas. Se abrazan, se recuestan algunos sobre los mismos vehículos y lloran, no encuentran explicaciones.

“No lo podemos creer”

Cirilo Rodríguez es uno de los hermanos de Julia. Vive en General Roca pero durante los 8 días de duelo no se separó de la familia. Su voz se quiebra pero es el que tuvo la fortaleza para mantenerse en pie y relatar en la entrevista con Jornada, la realidad en que viven. “No podemos creer lo que pasó. Las tres criaturas quedaron sin madre. Cuando más la necesitan”, expresó.

Agradeció a todas las personas que están a su lado. Y del de su padre. “Es un dolor muy grande que estamos sufriendo todos. Pedimos que se haga justicia. Que el crimen no quede impune. Hasta ahora, no hay nada concreto de quien fue. Pero que no pase más esto”, suplicó .

Replica casi en forma de imploración que jamás un ser humano pase lo que en desgracia le tocó vivir a su hermana. “Pido que no suceda más. No solo a la colectividad boliviana. Es muy doloroso lo que estamos sufriendo. Las tres criaturas quedaron sin madre. Cuando más la necesitan no la tienen. Queremos justicia. Que los delincuentes paguen como corresponde”, manifestó con lágrimas en los ojos.

“Nos divertíamos con ella”

Reveló Cirilo que su hermana llegó al suelo patagónico en el año 2000. Indistinto a él que vino en 1991. “ Somos más argentinos que bolivianos. Era la hermana perfecta. Alegre, siempre nos gustaba compartir cosas con ella. Cuando había algún cumpleaños o nos juntábamos por algún motivo, nos divertíamos con ella, la pasábamos muy bien”, relató.

“No podemos creer lo que pasó” admitió. “Ella vino a trabajar, buscando una vida como todos nosotros, para estar mejor. No vinimos a hacer daño a nadie. Sólo vino a ganarse la vida. No a morir de esta manera. Podemos morir de cualquier enfermedad, pero que alguien que venga a matarnos en un extremo así, no”, expresó.

Esboza una sonrisa en medio de la tristeza. Y es por el recuerdo de ella. “Siempre fue trabajadora, se levantaba temprano. Se ocupaba de su marido y sus hijos. Era muy amable con sus padres. Nunca ofendía a nadie. Ese es nuestro recuerdo de ella. Mi hermana se fue y ahora, queremos que se haga justicia”, reiteró.

Unidos

Describe Cirilo que la colectividad boliviana tiene como costumbre y tradición “la unión”. Asegura que la familia se siente muy acompañada al tener una mano en el hombro todo el tiempo mientras atraviesa los peores momentos ante la irreparable pérdida. “El saber que estamos acompañados nos da fuerzas para seguir viviendo. Lo único que nos hace falta es eso, compañía”, sostuvo.

Aclaró que en su caso, no se siente discriminado. Asegura que tiene muy buenos amigos argentinos y que confía en justicia argentina. “Sabemos que en este momento que nosotros estamos viviendo tanto dolor, los asesinos estarán contentos. Pido que no pase nunca más”.

Al lado de Cirilo estaba Simón Cayo, el marido de Julia. Atinó a describir lo que estaban viviendo y quiso referirse a la figura de la mujer, al recuerdo de su esposa. Pero no pudo. El dolor fue más fuerte. “No puedo hablar. Dios mío, cuánto dolor” expresó, llevando sus manos hacia la gorra visera que acostumbra tener como parte de su atuendo.

Lino Rodriguez, el papá de la joven tampoco pudo emitir palabra. Todo es demasiado, la situación los superó.