La violencia doméstica no para: un 6% más que en 2025

Durante el segundo trimestre de 2026, la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación atendió a 4.346 personas. El 48% de las situaciones son mujeres de entre 18 y 59 años, mientras que el 34% involucró a niñas, niños y adolescentes. Los varones de entre 18 y 59 años representaron el 10% y las personas mayores de 60 años, el 8%. El total registró un incremento del 6% en comparación con el mismo período del año anterior.

13 SEP 2026 - 11:39 | Actualizado 13 SEP 2026 - 11:53

Por Lorena Leeming / Redacción Jornada

Las estadísticas pueden parecer frías. Ordenan la realidad en porcentajes, categorías y cantidades.

Pero cuando se habla de violencia doméstica, cada número representa una historia concreta: una persona que decidió pedir ayuda, un vínculo que dejó de ser un espacio de cuidado y se convirtió en un escenario de temor, o una familia atravesada por una situación que requiere intervención, más aún cuando el escenario político actual es nefasto para las áreas de género y la realidad económica de los hogares.

Jornada accedió al último informe de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Allí se atendieron presencialmente a 4.346 personas. De ese total, 2.496 realizaron presentaciones por situaciones de violencia doméstica, un 9% más que en el mismo período de 2025. Otras 1.850 personas se acercaron para realizar consultas informativas, una cifra que también registró un incremento interanual, en este caso del 3%.


El dato adquiere otra dimensión cuando se observa cuándo se producen esas búsquedas de ayuda. El 73% de las atenciones se realizó fuera del horario judicial, principalmente de lunes a viernes entre las 14 y las 24 horas. La necesidad de contar con espacios de asistencia más allá de los horarios tradicionales parece hablar también de la urgencia con la que muchas personas atraviesan estas situaciones.

Las presentaciones recibidas dieron lugar a 3.407 evaluaciones de riesgo realizadas por los equipos interdisciplinarios de la OVD.

La composición de las personas afectadas permite advertir que la violencia doméstica no responde a una única edad ni a una única experiencia. El 48% de las situaciones evaluadas correspondió a mujeres de entre 18 y 59 años, mientras que el 34% involucró a niñas, niños y adolescentes. Los varones de entre 18 y 59 años representaron el 10% y las personas mayores de 60 años, el 8%.

La violencia, además, suele desarrollarse dentro de vínculos cercanos. El 43% de las situaciones evaluadas correspondió a parejas o exparejas y el 36% a vínculos entre hijos e hijas y sus progenitores. Otros vínculos representaron el 11%, mientras que otros familiares hasta el cuarto grado de parentesco alcanzaron el 6% y los vínculos fraternales, el 4%.

La cercanía entre las personas involucradas permite comprender una de las particularidades más complejas de la violencia doméstica: muchas veces, quien ejerce la violencia es también alguien con quien existe o existió un lazo afectivo, familiar o de confianza. Por eso, salir de una situación de violencia no siempre significa simplemente alejarse. Implica, en numerosos casos, enfrentar dependencias emocionales, económicas y familiares, además de temores y consecuencias que pueden prolongarse en el tiempo.

La violencia psicológica fue la modalidad más frecuente y estuvo presente en el 96% de las situaciones evaluadas. La cifra resulta significativa porque permite recordar que la violencia no siempre deja marcas visibles. Las palabras, las amenazas, el control, la desvalorización y las conductas destinadas a generar miedo también pueden constituir formas profundas de daño.

Entre las mujeres, la violencia simbólica apareció en el 57% de las situaciones. La violencia física estuvo presente en el 37%, la económica y patrimonial en el 27% y la sexual en el 7%. También se registró violencia digital en el 3% de las situaciones evaluadas, una modalidad que refleja cómo los espacios virtuales pueden convertirse en nuevas herramientas para controlar, hostigar o intimidar.

La gravedad de muchas de estas situaciones queda reflejada en las evaluaciones de riesgo: el 25% fue considerado de riesgo alto o altísimo por los equipos interdisciplinarios. A su vez, el equipo médico elaboró 331 informes correspondientes a personas afectadas que presentaban lesiones. El 79% de ellas eran de sexo femenino.

Los datos también permiten observar algunas características de las personas denunciadas. El 69% eran de sexo masculino y la edad promedio fue de 40 años. Sin embargo, más allá de cualquier perfil estadístico, las cifras recuerdan que la violencia doméstica no puede comprenderse únicamente desde los números. Es un fenómeno atravesado por relaciones de poder, desigualdades, dependencias y dinámicas familiares que requieren intervenciones especializadas.

La respuesta institucional constituye, en ese sentido, una parte fundamental del proceso. A partir de las intervenciones de la OVD, el 99% de las presentaciones fue derivado a la Justicia Nacional en lo Civil, mientras que el 64% fue derivado al Fuero Penal, y el 12% a la Justicia Nacional en lo Criminal y Correccional.

En los expedientes iniciados ante la Justicia Nacional en lo Civil se dispusieron al menos 8.483 medidas preventivas urgentes y de protección de derechos. Entre ellas, las más frecuentes fueron la prohibición de acercamiento a la persona denunciante, presente en el 63% de los casos; la prohibición de cualquier tipo de contacto, en el 61%; y la entrega de botones antipánico, en el 37%.

Cada una de esas medidas representa, en definitiva, un intento de poner un límite allí donde los límites personales y familiares fueron vulnerados. Una prohibición de acercamiento no es solamente una disposición judicial: puede significar para una persona la posibilidad de recuperar cierta tranquilidad. Un botón antipánico puede representar una herramienta de protección en un momento de extrema vulnerabilidad.

Los números del segundo trimestre de 2026 muestran un incremento en las personas que llegan a la OVD y una realidad que continúa demandando respuestas. Pero también permiten mirar más allá de las estadísticas. Porque detrás de cada presentación existe una decisión: hablar, pedir orientación, buscar protección o intentar romper un ciclo de violencia.

Quizás allí radique el sentido más profundo de estos datos. No solamente en cuantificar una problemática, sino en recordar que detrás de cada porcentaje existe una persona. Y que, frente a una situación de violencia, encontrar un lugar donde ser escuchada puede ser el primer paso para dejar de vivirla en silencio.


13 SEP 2026 - 11:39

Por Lorena Leeming / Redacción Jornada

Las estadísticas pueden parecer frías. Ordenan la realidad en porcentajes, categorías y cantidades.

Pero cuando se habla de violencia doméstica, cada número representa una historia concreta: una persona que decidió pedir ayuda, un vínculo que dejó de ser un espacio de cuidado y se convirtió en un escenario de temor, o una familia atravesada por una situación que requiere intervención, más aún cuando el escenario político actual es nefasto para las áreas de género y la realidad económica de los hogares.

Jornada accedió al último informe de la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Allí se atendieron presencialmente a 4.346 personas. De ese total, 2.496 realizaron presentaciones por situaciones de violencia doméstica, un 9% más que en el mismo período de 2025. Otras 1.850 personas se acercaron para realizar consultas informativas, una cifra que también registró un incremento interanual, en este caso del 3%.


El dato adquiere otra dimensión cuando se observa cuándo se producen esas búsquedas de ayuda. El 73% de las atenciones se realizó fuera del horario judicial, principalmente de lunes a viernes entre las 14 y las 24 horas. La necesidad de contar con espacios de asistencia más allá de los horarios tradicionales parece hablar también de la urgencia con la que muchas personas atraviesan estas situaciones.

Las presentaciones recibidas dieron lugar a 3.407 evaluaciones de riesgo realizadas por los equipos interdisciplinarios de la OVD.

La composición de las personas afectadas permite advertir que la violencia doméstica no responde a una única edad ni a una única experiencia. El 48% de las situaciones evaluadas correspondió a mujeres de entre 18 y 59 años, mientras que el 34% involucró a niñas, niños y adolescentes. Los varones de entre 18 y 59 años representaron el 10% y las personas mayores de 60 años, el 8%.

La violencia, además, suele desarrollarse dentro de vínculos cercanos. El 43% de las situaciones evaluadas correspondió a parejas o exparejas y el 36% a vínculos entre hijos e hijas y sus progenitores. Otros vínculos representaron el 11%, mientras que otros familiares hasta el cuarto grado de parentesco alcanzaron el 6% y los vínculos fraternales, el 4%.

La cercanía entre las personas involucradas permite comprender una de las particularidades más complejas de la violencia doméstica: muchas veces, quien ejerce la violencia es también alguien con quien existe o existió un lazo afectivo, familiar o de confianza. Por eso, salir de una situación de violencia no siempre significa simplemente alejarse. Implica, en numerosos casos, enfrentar dependencias emocionales, económicas y familiares, además de temores y consecuencias que pueden prolongarse en el tiempo.

La violencia psicológica fue la modalidad más frecuente y estuvo presente en el 96% de las situaciones evaluadas. La cifra resulta significativa porque permite recordar que la violencia no siempre deja marcas visibles. Las palabras, las amenazas, el control, la desvalorización y las conductas destinadas a generar miedo también pueden constituir formas profundas de daño.

Entre las mujeres, la violencia simbólica apareció en el 57% de las situaciones. La violencia física estuvo presente en el 37%, la económica y patrimonial en el 27% y la sexual en el 7%. También se registró violencia digital en el 3% de las situaciones evaluadas, una modalidad que refleja cómo los espacios virtuales pueden convertirse en nuevas herramientas para controlar, hostigar o intimidar.

La gravedad de muchas de estas situaciones queda reflejada en las evaluaciones de riesgo: el 25% fue considerado de riesgo alto o altísimo por los equipos interdisciplinarios. A su vez, el equipo médico elaboró 331 informes correspondientes a personas afectadas que presentaban lesiones. El 79% de ellas eran de sexo femenino.

Los datos también permiten observar algunas características de las personas denunciadas. El 69% eran de sexo masculino y la edad promedio fue de 40 años. Sin embargo, más allá de cualquier perfil estadístico, las cifras recuerdan que la violencia doméstica no puede comprenderse únicamente desde los números. Es un fenómeno atravesado por relaciones de poder, desigualdades, dependencias y dinámicas familiares que requieren intervenciones especializadas.

La respuesta institucional constituye, en ese sentido, una parte fundamental del proceso. A partir de las intervenciones de la OVD, el 99% de las presentaciones fue derivado a la Justicia Nacional en lo Civil, mientras que el 64% fue derivado al Fuero Penal, y el 12% a la Justicia Nacional en lo Criminal y Correccional.

En los expedientes iniciados ante la Justicia Nacional en lo Civil se dispusieron al menos 8.483 medidas preventivas urgentes y de protección de derechos. Entre ellas, las más frecuentes fueron la prohibición de acercamiento a la persona denunciante, presente en el 63% de los casos; la prohibición de cualquier tipo de contacto, en el 61%; y la entrega de botones antipánico, en el 37%.

Cada una de esas medidas representa, en definitiva, un intento de poner un límite allí donde los límites personales y familiares fueron vulnerados. Una prohibición de acercamiento no es solamente una disposición judicial: puede significar para una persona la posibilidad de recuperar cierta tranquilidad. Un botón antipánico puede representar una herramienta de protección en un momento de extrema vulnerabilidad.

Los números del segundo trimestre de 2026 muestran un incremento en las personas que llegan a la OVD y una realidad que continúa demandando respuestas. Pero también permiten mirar más allá de las estadísticas. Porque detrás de cada presentación existe una decisión: hablar, pedir orientación, buscar protección o intentar romper un ciclo de violencia.

Quizás allí radique el sentido más profundo de estos datos. No solamente en cuantificar una problemática, sino en recordar que detrás de cada porcentaje existe una persona. Y que, frente a una situación de violencia, encontrar un lugar donde ser escuchada puede ser el primer paso para dejar de vivirla en silencio.