El juicio por Amaya y Solari Yrigoyen: imputados complicados

Ayer los testigos comprometieron a Osvaldo Fano, Jorge Steding y Luis García. Dijeron que fueron parte de la represión en la Unidad 6 de Rawson.

10 ABR 2013 - 21:58 | Actualizado

Por Rolando Tobarez

Por primera vez en el juicio por la muerte de Mario Abel Amaya y las torturas contra Hipólito Solari Yrigoyen, un testigo concentró buena parte de su relato en el papel del exguardia Jorge Steding, uno de los tres imputados por el caso. Crisanto Repodas, preso en la Unidad 6 de Rawson en la misma época que los dirigentes radicales, dijo que los agentes de requisa de 1976 eran “un cuerpo pretoriano de élite de golpes”.

Según la versión que le contó al tribunal en el Cine Teatro “José Hernández” de la capital, Steding “era una figura que para mí manejaba los hilos de la formación del personal”. Recordó que “se ponía al frente y cuando tenía que enseñar al personal cómo se hacía, él era uno de los que golpeaba”. El testigo reveló un episodio con él desnudo y el imputado pegándole en la nuca con la mano abierta, para que corriera.

Repodas también vinculó con las golpizas carcelarias a Osvaldo Fano, otro imputado y extitular de ese penal. “Para mí la cara oculta de la represión fue el director, porque no dio la cara nunca. Tengo la absoluta certeza de que pergeñó o aplicó el plan. Pero la cara del golpe era la de Steding”. Aseguró que Fano “conocía lo que hacía cada uno de su personal”.

De acuerdo a su interpretación, las vejaciones y el hostigamiento permanentes eran parte de “un régimen de destrucción física y psíquica que hacía que a la mano que pegara no le interesara, porque no estaba en sus manos cuidar la vida de nadie”.

Repodas incluyó en sus revelaciones al tercer acusado, el médico de Trelew Luis García. “Fui sancionado y terminé en una celda de castigo”. Convivía con sus excrementos, tal la humillación que sufría. “Estaba mojado y en calzoncillos y para ver nuestro estado pasaron García y Steding”.

-¿Está presente aquí el médico que vio en esa oportunidad?, le preguntó el fiscal federal Fernando Gélvez.

El testigo se dio vuelta y miró al exministro, que permaneció en silencio.

-Sí…

El defensor de García, Eduardo Zabaleta, se molestó con la escena y la consideró “indebida” porque “esto no es una rueda de reconocimiento”. Intervino la jueza Nora Cabrera de Monella, presidente del tribunal. Le pidió más detalles para asegurar que hablaran de la misma persona. “Lo más llamativo para mí fue su cara alargada y que no era petiso”, agregó Repodas.

“No me cabe ninguna duda de que la atención médica era impresentable para una cárcel legal. No pasaba ningún examen, era una mascarada y un componente necesario. Ese penal fue hermano de los campos de concentración”, graficó.

Cada regreso de “Los chanchos” –así conocían los presos a las celdas de castigo- era con 10 kilos menos, muy evidentes a simple vista. La suciedad causaba costras, eczemas y problemas respiratorios. “Había una indiferencia muy grande ante la pérdida de peso”, aseguró Repodas. Cuando el tribunal lo invitó a decir lo que no le hubieran preguntado y útil para la causa, apuntó que “sería muy interesante que los imputados digan lo que vieron y vivieron y cómo éramos considerados nosotros”.

“Período bíblico”

Otro testimonio relevante fue el de Rodolfo Quintana, también exdetenido político. Llegó a la U-6 en un avión donde amenazaban con “boletearlos a todos”, esposados por parejas. Soportó la falta de lectura entre el ´77 y el ´80. Los presos lo llamaron el “período bíblico”, el único texto que les permitían. “Salimos todos expertos en la Biblia”, sonrió ante el tribunal.

Desde el baño de su pabellón vio cómo Amaya era rápidamente sacado en camilla de la Enfermería. “En el penal de Rawson no era común que sacaran a nadie en camilla y de hecho, nunca nadie vio otro caso similar”. Según el testigo, “el servicio médico no era muy eficiente y la atención era elemental”.

También para Quintana, Steding “era uno de los jefes que avalaba absolutamente todo lo que se hacía”. Explicó que cualquier guardia nuevo que ingresara a la U-6 “a los 6 meses se había convertido en un tipo muy sádico”, apenas se acostumbraba al ejercicio represivo. “Y el sistema era incomprensible sin la dirección de las autoridades”.

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10 ABR 2013 - 21:58

Por Rolando Tobarez

Por primera vez en el juicio por la muerte de Mario Abel Amaya y las torturas contra Hipólito Solari Yrigoyen, un testigo concentró buena parte de su relato en el papel del exguardia Jorge Steding, uno de los tres imputados por el caso. Crisanto Repodas, preso en la Unidad 6 de Rawson en la misma época que los dirigentes radicales, dijo que los agentes de requisa de 1976 eran “un cuerpo pretoriano de élite de golpes”.

Según la versión que le contó al tribunal en el Cine Teatro “José Hernández” de la capital, Steding “era una figura que para mí manejaba los hilos de la formación del personal”. Recordó que “se ponía al frente y cuando tenía que enseñar al personal cómo se hacía, él era uno de los que golpeaba”. El testigo reveló un episodio con él desnudo y el imputado pegándole en la nuca con la mano abierta, para que corriera.

Repodas también vinculó con las golpizas carcelarias a Osvaldo Fano, otro imputado y extitular de ese penal. “Para mí la cara oculta de la represión fue el director, porque no dio la cara nunca. Tengo la absoluta certeza de que pergeñó o aplicó el plan. Pero la cara del golpe era la de Steding”. Aseguró que Fano “conocía lo que hacía cada uno de su personal”.

De acuerdo a su interpretación, las vejaciones y el hostigamiento permanentes eran parte de “un régimen de destrucción física y psíquica que hacía que a la mano que pegara no le interesara, porque no estaba en sus manos cuidar la vida de nadie”.

Repodas incluyó en sus revelaciones al tercer acusado, el médico de Trelew Luis García. “Fui sancionado y terminé en una celda de castigo”. Convivía con sus excrementos, tal la humillación que sufría. “Estaba mojado y en calzoncillos y para ver nuestro estado pasaron García y Steding”.

-¿Está presente aquí el médico que vio en esa oportunidad?, le preguntó el fiscal federal Fernando Gélvez.

El testigo se dio vuelta y miró al exministro, que permaneció en silencio.

-Sí…

El defensor de García, Eduardo Zabaleta, se molestó con la escena y la consideró “indebida” porque “esto no es una rueda de reconocimiento”. Intervino la jueza Nora Cabrera de Monella, presidente del tribunal. Le pidió más detalles para asegurar que hablaran de la misma persona. “Lo más llamativo para mí fue su cara alargada y que no era petiso”, agregó Repodas.

“No me cabe ninguna duda de que la atención médica era impresentable para una cárcel legal. No pasaba ningún examen, era una mascarada y un componente necesario. Ese penal fue hermano de los campos de concentración”, graficó.

Cada regreso de “Los chanchos” –así conocían los presos a las celdas de castigo- era con 10 kilos menos, muy evidentes a simple vista. La suciedad causaba costras, eczemas y problemas respiratorios. “Había una indiferencia muy grande ante la pérdida de peso”, aseguró Repodas. Cuando el tribunal lo invitó a decir lo que no le hubieran preguntado y útil para la causa, apuntó que “sería muy interesante que los imputados digan lo que vieron y vivieron y cómo éramos considerados nosotros”.

“Período bíblico”

Otro testimonio relevante fue el de Rodolfo Quintana, también exdetenido político. Llegó a la U-6 en un avión donde amenazaban con “boletearlos a todos”, esposados por parejas. Soportó la falta de lectura entre el ´77 y el ´80. Los presos lo llamaron el “período bíblico”, el único texto que les permitían. “Salimos todos expertos en la Biblia”, sonrió ante el tribunal.

Desde el baño de su pabellón vio cómo Amaya era rápidamente sacado en camilla de la Enfermería. “En el penal de Rawson no era común que sacaran a nadie en camilla y de hecho, nunca nadie vio otro caso similar”. Según el testigo, “el servicio médico no era muy eficiente y la atención era elemental”.

También para Quintana, Steding “era uno de los jefes que avalaba absolutamente todo lo que se hacía”. Explicó que cualquier guardia nuevo que ingresara a la U-6 “a los 6 meses se había convertido en un tipo muy sádico”, apenas se acostumbraba al ejercicio represivo. “Y el sistema era incomprensible sin la dirección de las autoridades”.