Llegó de Formosa para cuidar abuelos y terminó prostituida y explotada

Una joven de 22 años llegó a Chubut con la promesa de una vida mejor. Terminó en una casa de servicios sexuales, controlada y sin opciones. Logró escapar y hacer la denuncia. Su "jefa" fue condenada por explotación económica. Una historia de vulnerabilidad y carencias.


01 NOV 2026 - 10:55 | Actualizado 01 NOV 2026 - 11:45

Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada

Una mujer de Comodoro Rivadavia fue condenada por haber explotado sexualmente a una joven que había llegado desde Formosa en busca de un destino como cuidadora de adultos mayores.

Valeria, la víctima, arribó a la ciudad petrolera en micro el 8 de marzo de 2020. Con 22 años y un nene de 3 años, necesitaba trabajo. Su madre había logrado un contacto con una tal Gloria, que le garantizó empleo. Le pagó el pasaje, la buscó en la terminal y la hospedó sus primeros días.

La labor era cuidar a “Tuly”, una abuela con un cuadro de Alzheimer. Valeria tuvo mala suerte: trabajó 3 meses y la salud de “Tuly” se agravó.

Desempleada, en junio llegó a la casa de la hija de Gloria: Delicia Brenda Pérez. Era una vivienda en Chacabuco al 500. Le habían dicho que en la planta alta cuidaría a un menor de 4 años. Pero Delicia le dijo que ganaría mejor y Valeria terminó en la planta baja prostituyéndose durante un mes y medio.

Hacía hasta siete pases por día. Guardaba la plata en una cajita para su jefa y anotaba en un cuaderno horas de entrada y salida. Si ganaba algo, era el menor porcentaje. Siempre debía estar lista por si llegaban clientes. Dormía ahí. A veces iba a domicilio.

Delicia le daba ropa erótica y le “enseñó” como desempeñarse con los hombres porque también era trabajadora sexual.

Valeria debía entregar su celular. No podía hablar con cualquiera ni enviar su ubicación. Su madre en Formosa nunca la supo. La víctima no podía salir si no era con un cliente o con permiso.

Se sintió engañada, sin salida y sin coraje para escapar.

El servicio sexual aparecía en “Mundo Sex Comodoro”. Valeria era “Vane”, con fotos eróticas que le había tomado Delicia. En el aviso aparecía el celular de Delicia convocando mujeres: “Lugar disponible para señoritas. Buena clientela ambiente laboral tranquilo. Ubicación centro”. Entre todas limpiaban y compraban lavandina, preservativos, alcohol en gel, toallitas, sahumerios y papel higiénico.

Había muchas chicas de todas partes del país: Rocío, Nicole, Brenda, Emi, Loli, Fátima, Alexia, Ailyn, Mica, Celeste, Briama, Pam, Oriana, Pame, Dahi, Susy.

“Allí empezó el calvario –declaró Valeria-. No entendía nada, a veces perdía clientes y se enojaban todo el tiempo, me insultaban y maltrataban. Tenía la obligación de hacer pases todo el tiempo. Había otras mujeres pero con horarios. Hubo veces que no daba más y le pidió a una compañera que lo hiciera. Durante la noche era obligatorio, tenía que estar atenta al celular todo el tiempo. Trabajaba obligada aunque tuviera el período”.

La chicase peleó con su jefa y en julio dejó esa casa. Consiguió un segundo trabajo como cuidadora que duró hasta el 30 de noviembre de 2020.

No volvió a responder los llamados y Delicia comenzó a hostigarla con audios y textos: “Si te vuelve a ayudar no le muerdas la mano a mi mamá que es buena persona, se te trajo de lejos para que pudieras trabajar y después le mentís”. La persiguió y hasta fue a buscarla enfurecida a una vivienda de Km. 8 para insultarla y agredirla.

La madrugada del 3 de diciembre, Valeria hace la denuncia en Policía Federal. Cansada, muy nerviosa y desesperada. Era una mujer con miedo, sin recursos y nadie a quien acudir en Comodoro.

La investigación instaló una cámara frente a la casa de Chacabuco. Identificaron unas diez mujeres que permanecían doce horas por turnos y llevaban bolsos. Y hombres que se quedaban entre 20 a 45 minutos. El precio del servicio dependía de su duración. Algunos pagaban sólo para masajes o para conversar.

El 1º de febrero de 2021 se allanó. El lugar tenía pésima higiene, frío, oscuro y húmedo. Hallaron varias habitaciones, algunas con cama y otras despejadas. Había preservativos, gel íntimo, planillas con fecha, nombres, minutos, montos en pesos y hora, celulares, efectivo, una tablet y un posnet. Y una camilla de masajes.

El celular de Delicia contenía mensajes de clientes y respuestas con horarios, direcciones y tarifas. Y dos grupos de WhatsApp: “Bellas” y “Las más bellas”. También pagos por las publicaciones en mundosex.com y consultas de servicios por Facebook.

Las mujeres la agendaban como “Brenda Jefa” con pedidos como “Chicas le pueden decir a Brenda que traiga preservativos y una sábana a la pieza chiquita”, “Hola Bren nos podemos retirar un rato antes porque no está pasando nada en el departamento”, “Si no traen su libreta para anotar los pases que hacen no entran a trabajar porque después se quejan porque les pagué mal”. “Las que se fueron una hora y media antes tienen que venir más temprano”. “Hoy vamos a limpiar ese baño lleno de hongos”.

Todas habían llegado por el anuncio para cuidar mayores o niños.

La sentencia consideró que la denuncia de Valeria no fue un “relato aislado” sino apoyado en evidencias. Y que Delicia era “la jefa”: el alquiler estaba a su nombre, publicitaba, dirigía y organizaba el servicio en dos turnos y controlaba el dinero. Era la única con llave, pedía que limpien y aportaba artículos de higiene y preservativos.

Valeria declaró que si el cliente le pagaba, se lo daba a Delicia sin saber siquiera la cantidad; si no, lo recibía directamente la jefa. Lo había naturalizado. "Cualquiera de las dos opciones configura el aprovechamiento económico de su actividad sexual y acreditan que Delicia obtenía un rédito económico por la prostitución”, concluyó el fallo.

En vulnerabilidad extrema, todas las protagonistas tenían una profunda necesidad económica y se movían limitadas por la pandemia. “La prostitución se volvió un modo de supervivencia. Un contexto complejo de ambas partes que la pandemia acentuó”.

En los últimos días Delicia fue condenada a 4 años de prisión por el delito de explotación económica del ejercicio de la prostitución de una persona. No podrá acercarse ni contactar a la víctima. Hoy vive en una zona de terrenos tomados camino a Caleta Córdova.

En abril de 2021 Valeria logró regresar a Formosa.

A la sentencia la firmaron Ana María D´Alessio, Enrique Baronetto y Eliana Ratta Rivas, del Tribunal Oral Federal de Comodoro.

* El nombre de la víctima se alteró para proteger su intimidad

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01 NOV 2026 - 10:55

Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada

Una mujer de Comodoro Rivadavia fue condenada por haber explotado sexualmente a una joven que había llegado desde Formosa en busca de un destino como cuidadora de adultos mayores.

Valeria, la víctima, arribó a la ciudad petrolera en micro el 8 de marzo de 2020. Con 22 años y un nene de 3 años, necesitaba trabajo. Su madre había logrado un contacto con una tal Gloria, que le garantizó empleo. Le pagó el pasaje, la buscó en la terminal y la hospedó sus primeros días.

La labor era cuidar a “Tuly”, una abuela con un cuadro de Alzheimer. Valeria tuvo mala suerte: trabajó 3 meses y la salud de “Tuly” se agravó.

Desempleada, en junio llegó a la casa de la hija de Gloria: Delicia Brenda Pérez. Era una vivienda en Chacabuco al 500. Le habían dicho que en la planta alta cuidaría a un menor de 4 años. Pero Delicia le dijo que ganaría mejor y Valeria terminó en la planta baja prostituyéndose durante un mes y medio.

Hacía hasta siete pases por día. Guardaba la plata en una cajita para su jefa y anotaba en un cuaderno horas de entrada y salida. Si ganaba algo, era el menor porcentaje. Siempre debía estar lista por si llegaban clientes. Dormía ahí. A veces iba a domicilio.

Delicia le daba ropa erótica y le “enseñó” como desempeñarse con los hombres porque también era trabajadora sexual.

Valeria debía entregar su celular. No podía hablar con cualquiera ni enviar su ubicación. Su madre en Formosa nunca la supo. La víctima no podía salir si no era con un cliente o con permiso.

Se sintió engañada, sin salida y sin coraje para escapar.

El servicio sexual aparecía en “Mundo Sex Comodoro”. Valeria era “Vane”, con fotos eróticas que le había tomado Delicia. En el aviso aparecía el celular de Delicia convocando mujeres: “Lugar disponible para señoritas. Buena clientela ambiente laboral tranquilo. Ubicación centro”. Entre todas limpiaban y compraban lavandina, preservativos, alcohol en gel, toallitas, sahumerios y papel higiénico.

Había muchas chicas de todas partes del país: Rocío, Nicole, Brenda, Emi, Loli, Fátima, Alexia, Ailyn, Mica, Celeste, Briama, Pam, Oriana, Pame, Dahi, Susy.

“Allí empezó el calvario –declaró Valeria-. No entendía nada, a veces perdía clientes y se enojaban todo el tiempo, me insultaban y maltrataban. Tenía la obligación de hacer pases todo el tiempo. Había otras mujeres pero con horarios. Hubo veces que no daba más y le pidió a una compañera que lo hiciera. Durante la noche era obligatorio, tenía que estar atenta al celular todo el tiempo. Trabajaba obligada aunque tuviera el período”.

La chicase peleó con su jefa y en julio dejó esa casa. Consiguió un segundo trabajo como cuidadora que duró hasta el 30 de noviembre de 2020.

No volvió a responder los llamados y Delicia comenzó a hostigarla con audios y textos: “Si te vuelve a ayudar no le muerdas la mano a mi mamá que es buena persona, se te trajo de lejos para que pudieras trabajar y después le mentís”. La persiguió y hasta fue a buscarla enfurecida a una vivienda de Km. 8 para insultarla y agredirla.

La madrugada del 3 de diciembre, Valeria hace la denuncia en Policía Federal. Cansada, muy nerviosa y desesperada. Era una mujer con miedo, sin recursos y nadie a quien acudir en Comodoro.

La investigación instaló una cámara frente a la casa de Chacabuco. Identificaron unas diez mujeres que permanecían doce horas por turnos y llevaban bolsos. Y hombres que se quedaban entre 20 a 45 minutos. El precio del servicio dependía de su duración. Algunos pagaban sólo para masajes o para conversar.

El 1º de febrero de 2021 se allanó. El lugar tenía pésima higiene, frío, oscuro y húmedo. Hallaron varias habitaciones, algunas con cama y otras despejadas. Había preservativos, gel íntimo, planillas con fecha, nombres, minutos, montos en pesos y hora, celulares, efectivo, una tablet y un posnet. Y una camilla de masajes.

El celular de Delicia contenía mensajes de clientes y respuestas con horarios, direcciones y tarifas. Y dos grupos de WhatsApp: “Bellas” y “Las más bellas”. También pagos por las publicaciones en mundosex.com y consultas de servicios por Facebook.

Las mujeres la agendaban como “Brenda Jefa” con pedidos como “Chicas le pueden decir a Brenda que traiga preservativos y una sábana a la pieza chiquita”, “Hola Bren nos podemos retirar un rato antes porque no está pasando nada en el departamento”, “Si no traen su libreta para anotar los pases que hacen no entran a trabajar porque después se quejan porque les pagué mal”. “Las que se fueron una hora y media antes tienen que venir más temprano”. “Hoy vamos a limpiar ese baño lleno de hongos”.

Todas habían llegado por el anuncio para cuidar mayores o niños.

La sentencia consideró que la denuncia de Valeria no fue un “relato aislado” sino apoyado en evidencias. Y que Delicia era “la jefa”: el alquiler estaba a su nombre, publicitaba, dirigía y organizaba el servicio en dos turnos y controlaba el dinero. Era la única con llave, pedía que limpien y aportaba artículos de higiene y preservativos.

Valeria declaró que si el cliente le pagaba, se lo daba a Delicia sin saber siquiera la cantidad; si no, lo recibía directamente la jefa. Lo había naturalizado. "Cualquiera de las dos opciones configura el aprovechamiento económico de su actividad sexual y acreditan que Delicia obtenía un rédito económico por la prostitución”, concluyó el fallo.

En vulnerabilidad extrema, todas las protagonistas tenían una profunda necesidad económica y se movían limitadas por la pandemia. “La prostitución se volvió un modo de supervivencia. Un contexto complejo de ambas partes que la pandemia acentuó”.

En los últimos días Delicia fue condenada a 4 años de prisión por el delito de explotación económica del ejercicio de la prostitución de una persona. No podrá acercarse ni contactar a la víctima. Hoy vive en una zona de terrenos tomados camino a Caleta Córdova.

En abril de 2021 Valeria logró regresar a Formosa.

A la sentencia la firmaron Ana María D´Alessio, Enrique Baronetto y Eliana Ratta Rivas, del Tribunal Oral Federal de Comodoro.

* El nombre de la víctima se alteró para proteger su intimidad